Volviste otra vez, o quizás yo te busqué, caí en tus manos que me reconocieron de inmediato, o yo me fui amoldando a ellas como un rito milenario. Reconocí tu silencio y la nostalgia difícil de corroer a pesar de las vidas y las muertes y las heridas que cruzan a ambas.
Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma, y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás conmigo.
Aquí, mujer, te dejo tu figura."
RETRATO DE MUJER
Gonzalo Rojas
domingo, 7 de junio de 2015
Ella
Volviste otra vez, o quizás yo te busqué, caí en tus manos que me reconocieron de inmediato, o yo me fui amoldando a ellas como un rito milenario. Reconocí tu silencio y la nostalgia difícil de corroer a pesar de las vidas y las muertes y las heridas que cruzan a ambas.
lunes, 21 de julio de 2014
XXVII
.....
Ella se hizo de acantilados, toda su sangre es cascada estrellándose dentro de su cuerpo. Nunca quiso ser trueno que deslumbra y detiene el paso, más bien quiere ser llovizna que refresca y que tienta a abrir la boca y beberla gota a gota.
.....
Ellas tienen historia escrita, distintas edades en las sienes y las mismas grietas antiguas. Conocen cada extremo del dolor, aman al mismo mago/amor, cargan las mismas heridas, pero elijen distintas formas de vestirlas.
Ella requiere acunar su niña dañada y dormida
Ella le versa un cuento de hadas y sanadoras profecías
Ella elige herir y olvidar
Ella (yo) sólo perdonar(la) y continuar...
miércoles, 12 de marzo de 2014
XXVI
sábado, 1 de marzo de 2014
XXV
lunes, 3 de febrero de 2014
XXIV
viernes, 20 de diciembre de 2013
XXIII
domingo, 8 de septiembre de 2013
XXI
Contempló la belleza del licuado azul que inundaba todo, disfrutó la última espada que llegaba a sus pupilas a través de la pequeña ventana que dejaba la espuma sobre su mirada, sintió el lánguido flotar de las cerdas azabaches, absorbió un salado respiro que se acumuló todo en su pecho, ahogando los latidos y el miedo.
sábado, 27 de octubre de 2012
XX
http://www.youtube.com/watch?v=E4m_s8PkotM
viernes, 5 de octubre de 2012
XIX
sábado, 21 de enero de 2012
XVIII
“La pasión surge en el miedo”, dijo Ella mientras apretaba el volante con la mirada lejos de la ruta por tener los ojos llenos de recuerdos. Desmenuzaba su vida como robándole los pétalos a una margarita, los que luego iba tirando uno a uno hacia la orilla del camino. Yo la observaba con asombro, y con la certeza de que era cierto.
La pasión estalla en el amor que tiembla de terror a ser abandonado, cuando se desdibuja el cuerpo amado y la piel propia lo rodea para fundirlo, atraparlo, sellarlo a los huesos y a los poros. Cuando se busca en la inmediatez de un segundo entregar la vida, porque el mañana es muerte.
La pasión se alimenta de la temida y potencial despedida, es ahí cuando rugen los sentidos y se erizan los besos, cuando arde el vientre, cuando el sudor corroe los pliegues de la carne y quedamos desnudos con el alma hirviendo. Es en ese instante.
Tomé sus recuerdos como si fuesen míos, tanto los conocía que podría haberlos vivido. Pero eran de Ella, la misma que seguía conduciendo un automóvil que nos llevaba hacia el mismo lugar que nos vio ausentarnos, el mismo lugar que por tantos años ha testificado las heridas.
Y el amor sereno?, pregunté al aire, sin querer recibir respuesta, pero Ella no quería más silencios.
Es cansancio, dijo al mirar mi corazón tendido. Es el amor que se ha cansado de temer y se arrulla en el regazo. Es el sabio instinto de sobrevivencia.
No quería seguir escuchando pero Ella no quería seguir callando.
Traté de evadir sus palabras girando mi tristeza hacia la ventana, pero la calle estaba muda, ni siquiera las veredas emitían pasos, ni los árboles suspiros.
Y Ella hablaba. De la quietud inerte, de la tibieza impasible, de las salivas que quedaron en un beso olvidado, de la madurez tranquila y los vientres congelados.
Entonces quiero tener miedo, dije con una voz ventrílocua que no venía de mi garganta. Quiero temblar, aterrarme, sudar, beber, desfallecer, resucitar y arder. Quiero tener miedo.
Ya lo tienes, dijo Ella mirando mi corazón exaltado…. Ya lo tienes.
domingo, 8 de enero de 2012
XVII
Creía en la existencia de una mirada única, aquella que planea sobre la calma y el caos con igual intensidad, aquella que logra hacer vibrar el vientre, y desnuda las pieles.
Por esa mirada Ella construía puentes invisibles, por esas pupilas imaginadas era capaz de respetar la luz del día y salir hacia el tumulto. La buscaba entre las ruinas, en un cementerio de miradas pálidas y frías que sobrevivían a la muerte del alma, y se tendían sobre el cemento hurgando pedacitos de cielo.
Por esa mirada hubiera renunciado a su muerte, y habría continuado haciendo caminos, sin el desencanto de las grietas que hundían sus pasos, sin el temor a las cumbres que agotaban sus sueños.
Habría despojado de su cuerpo todas las cicatrices, y habría vestido su cabello de caricias al viento. Por esa mirada que sabría reconocerla… y mirarla.
Pero no llegaba.
Esa tarde, cansada de recibir los destellos anónimos y miopes de cientos de pupilas arrancadas de sus almas, la encontró clavándole los párpados, urgiéndole a mirarla, ahí estaba con su brillo titilando pasiones, con la profunda intensidad de la calma. La vio como sonreía a través de las pestañas, como emanaba amor del tierno y recorría las cicatrices de su cuerpo y recibía las caricias de su pelo.
Vio como una hermosa y abultada lágrima se desprendía y deslizaba de esa mirada que seguía fija en Ella, al otro lado del espejo.
http://www.youtube.com/watch?v=QodvurHXLBU
jueves, 17 de noviembre de 2011
XV
Sintió el preámbulo del silencio que se acercaba. Ella, la que pisaba fuerte, salió al frío.
Las calles se alfombraban de recuerdos y nostalgias, los faroles desparramando jirones amarillos. Oyó las voces del crepúsculo y olió la madrugada que olía a chocolate tibio. Con el pretexto de ser libre se lanzo a las distancias, y las razones se empollaron en el nido de sus manos desatadas.
viernes, 14 de octubre de 2011
XIV
"Estoy aqui, envuelta en carne, tengo fibras, poros, sangre. Tengo sensaciones, fríos, torrentes, humedades. Tengo una vida que clama desde la tierra, una piel que se eriza con el roce del viento, tengo alas transparentes que planean bajo mi oido y sobre los cimientos, tengo la fuerza de la sobrevivencia y la paciencia de la muerte."
No basta con lamer la herida si no se arranca la espina, no son suficientes las lágrimas para limpiar las ruinas, ni el cansancio consigue apurar el término del dia.
Y Ella detuvo con su voz la confusión de la tormenta, calmó el trepidar de sus pupilas con visiones nuevas, envolvió la tempestad con su cuerpo, recorrió hasta el omega del tiempo y aunque quiso volar, decidió aquietarse junto al fuego.
lunes, 1 de agosto de 2011
XIII
Besaba con labios inconclusos, creía que los besos siempre deben dejar sabores forasteros porque así vuelven a besar.
No existían razones que la hicieran razonar, por ello el mundo le fue cerrando las ventanas y abriendo los sentidos.
En homenaje a la vida detestaba el cautiverio, y liberaba las palomas que anidaban en sus manos.
A pesar de su mutismo huía del silencio, y se volcaba hacia la vida como bandera al viento, para decir lo que se debe callar, y callar lo tantas veces dicho.
Le temía a la palabras, por eso hablaba con sonrisas, creía que al reír se ofrece el cuerpo entero, la vértebras se expanden, se pincelan las mejillas, las manos cantan, las pupilas flotan componiendo caricias.
Le temía a las palabras porque se habían congelado, decía que hasta los verbos habían quedado estáticos, ya no resbalaban los conceptos haciendo cosquillas en las fragilidades, ya no temblaban los adjetivos asfixiando las plegarias o haciendo florecer los versos.
Ya no se arrepienten las voces por arrasar el equilibrio de lo intacto.
Reía ante el amor y el desamor, porque ambos son milagros complementarios. Sólo el vacío puede ser llenado.
No hubo quien quisiera escuchar su piel ni arrancar el frío de sus labios. No hubo quien creyera que la sonrisa puede recitar y explicar y prometer.
Cuando Él maldijo su silencio y se le opacó la mirada, Ella le regaló una líquida sonrisa, que resbaló por su mejilla e inundó su garganta.
Y llenó el vacío con silente llanto.
lunes, 3 de enero de 2011
XII
Ellas son verbo en futuro, rebeldes ante la inercia, se transforman, crecen, se modelan. Proclaman la esperanza en la agudeza de sus preguntas, y sin esperar respuestas, crean y fundan los mañanas.
Ellas acuden a mi inocencia antigua desempolvando las gastadas pupilas, sólo para verlas expandirse en la existencia, ligeras de equipaje, ingrávidas, con el sólo impulso del destino avivándoles el cuerpo.
Ellas se van haciendo verso a verso, como un poema improvisado, se inscriben en mi historia como prosa consagrada y en sus ojos triunfa la metáfora del tiempo.
Ellas descendieron del universo a mis brazos, y desde mis brazos saltarán a inventar nuevos universos.
domingo, 21 de noviembre de 2010
XI
Lo vio venir entre espejismos, entre imágenes pretéritas, sabía que era porque conocía su ausencia. Y había sido larga, como suelen ser las esperas.
Abrió los ojos y su mirada rebotó en la certeza. Le extendió su piel de amapola, le ofreció sus labios que no callan, y guardó las alas.
- Llegué
- Lo sé
Y anidándose en su cuello le escuchó decir en el eco de dos lágrimas:
- Bienvenida amor, bienvenida otra vez, a casa.
viernes, 22 de octubre de 2010
X
-Podemos ser nosotras las hadas?, responde con las pupilas alborotando su rostro.
Cuando ella sacude sonrisas con sus ojos, el dolor se detiene a admirarla.
A ella le duele la vida. Porque la vida le ha herido los sueños, demasiado pronto. Sabe que el dolor quema, más allá del fuego. Sabe que la muerte es insolente aunque aún puede contar sus años con cuatro dedos. A ella le duele la piel y el miedo. Pero se viste el alma de hechicera y crea magia en cada aleteo de sus pestañas y entonces todos los temores agazapados en su pecho se transforman en corceles alados, en unicornios milcolores, y esa lágrima que temblaba en su mejilla me pide que comencemos el vuelo.
- Habia una vez...
- Por qué sólo una?
- Déjame comenzar el cuento, Isabella
- Es que quiero que sean muchas veces...
- Está bien, "Hubo muchas veces..."
- Y habian muchas hadas?
- Si, habian muchas hadas y desde cada rincón de aquel hermoso y encantado bosque salían a cantarte por las noches
- Por eso tengo sueños lindos?
- Con qué sueñas, princesa?
- Que no estoy en esta pieza, que estoy en el mar, que no me duele, que tengo alas y el pelo largo, que estamos juntas, que jugamos en la arena.
.....
- Entonces duerme, le digo, con una lágrima hablándole al oido. Duerme, que las hadas te esperan.
lunes, 20 de septiembre de 2010
IX
Todo lo que buscaba no estaba en aquel armario. No sabía que llevarse, abría y cerraba los cajones llenitos de ausencias, mientras iba dejando sobre la alfombra charquitos de tristeza. No sabía aún porque dolía tanto esta despedida, no habría ningún motivo para extrañarlo. Apenas conocía sus texturas y sus temblores, no supo de sus misterios y menos aún de sus temores. Figuraba como un espejismo en su vida, de esos que tan sólo con querer tocarlos ya se desvanecen, pero había un vacío entre sus huesos que no sanaba ni moría.
Llovieron doce inviernos tras su ventana, se amontonaron los soles y los arcoíris mas ella no vio nada. Hasta hoy, cuando acerca sus pasos al abismo y en el fondo encuentra su esperanza.
Lo dejaba en una esquina de la casa, con la piel atiborrada de suspiros, se detuvo sin querer, a mirar sus gestos de macho herido, no quería verle llorar, mas nunca le vio sonreír. Le acariciaba el alma con miradas tiernas, mas él nunca conoció el idioma de sus pupilas. Él estiraba sus manos para alcanzarle, pero Ella ya había tomado el paracaídas.
Caminó descalzo, sintiendo la ardiente humedad del suelo, se detuvo frente a sus recuerdos, volvió al cuarto mientras ella bajaba la escalera. Abrió sus misterios con los ojos atrapados y entre su impulso y el desconcierto encontró aquella hoja roneo en la que Ella había escrito tantos siglos antes… releyó cada frase con la agonía punzándole en el pecho… tal vez entonces comprendió esas palabras, tal vez aún guarda entre sus sienes el epitafio lúcido de quien se despide, pero no abandona…
“Detrás de mí, guardo tus historias, demasiado añejas ya para esta piel, te toco como para reconocerte y definitivamente eres el mismo de ayer. Estiro mis ganas para asombrarme, para producirte, para engañarme...pero eres y ya no soy, quizás un poco la que aun despierta a un lado de tu costilla, la que despeina tus días, mas ya no guardo el vértigo reservado a tus caricias, ya no se eriza mi piel bajo tu aliento, ya no titilan mis pupilas con tu mirada… ya no.”
Ella presintió sus pasos atrapándole la sombra y sintió sus ojos rasgándole la espalda, no quiso darse vuelta… pero al abrir la puerta supo que nunca más saldría, miró su abismo, tiró el paracaídas y su esperanza... mientras sentía estallar la bala certera, desde su columna a sus caderas.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
VIII
“Me ama porque me regaló un roce de sus manos a través de mi sombra”, se contaba orgullosa. “Me amó ayer, cuando lo ví venir con los ojos bajo el brazo, mucho viento en el pelo y una sonrisa guardada en la solapa”. “Me ama aunque su voz se haya extraviado en el tiempo”
El la amaba, con los instintos aplacados, con las vísceras dormidas y la saliva escarchada.
Ella se dejaba amar así, ausente, muda, resignada.
Ella era frágil ante sus besos, los iba recogiendo uno a uno los desparramados al viento, los teñía de rojo intenso y se los llevaba a los labios en un acto de redención y esperanza, aunque cada día sabían más a mutismo y hielo.
Al amanecer, ella lo vestía con rutinario esmero, anudando las frases al silencio, quizás así evitaba el estallido de pupilas que guardaba por miedo a quebrar la inquietante calma. Le imaginaba diciendo, rompiendo el eco exacerbante de la nada.
Le alcanzaba a besar la estela de su partida cuando él salía al mundo provisto de escudos y espadas, escudado de la estampida y del tumulto, escudado quizás, de ese beso que le hablaba.
Otro día se levantaba sin grandes pretensiones ni sorpresas, ella dio un par de vueltas sobre su abismo y se recostó sobre el lado de él en la cama, husmeó sus aromas, se derritió en el precario calor que dejaban las sábanas. Imaginó su beso errante atracando al fin en su originario destino, recordó esas primeras noches navegantes en que los besos no eran esquivos y las pieles brotaban en salinos caudales. Asombrada de sus poros percibió la humedad que emanaba de la selva esteparia de su cuerpo, fluyendo y socavando los territorios en sequía, latía fuego en el torrente de su sangre, embistiendo los volcanes que se hallaban silenciosos, haciéndoles empinarse voluptuosos, ardientes, sofocantes, estallando en lavas intensas que derramaron sigilosamente soberanía por su carne.
Inusitadamente coqueta miró al vacío, se le resbaló una mirada hacia el fondo del abismo, se sorprendió empuñando sus sueños infinitos y tuvo miedo de sus paredes, de su universo y del frío.
Esa tarde lo espero distinta, llevaba el cabello vestido de mujer, aguardó paciente el cotidiano beso lanzado al aire pero esta vez no lo recogió de la alfombra sino que se embarcó decidida hasta su boca, y su lengua lazarilla, hizo todo lo demás.
Lamió su pecho como loba a su presa, bajó intrépida hasta la raíz de sus sudores, abrió su blusa ceñida y desafiante, le obsequió en la boca sus enhiestos volcanes, lo acogió entre sus muslos, antes firmes, hoy deseantes, bebió gota a gota la ola palpitante que en su vientre se hizo océano, algas y corales.
“Te amo”, dijo una voz de hombre, una voz olvidada, tímida y asedada.
“Te amo” dijo el hombre que se armaba día a día sin mirarla, con una argolla en el dedo y las sienes plateadas.
“Te amo”, le dijo el recién cautivo, con la vista emborrachada entre su cuerpo de hembra intacta.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
VII
Cada tarde se acercaba a sus ojos, esos ojos teñidos de selva esteparia.
Los besaba con labios brutalmente vivos, y se apartaba de ellos con la boca teñida de delirios. Cada noche le hablaba de sus tormentos, los que iba relatando con inusitada calma, se sentaba a sus pies con derrotado encanto cubriéndose la inercia con una manta. Le hablaba de los días que traicionan, de las horas que resbalan, le contaba de paisajes no encontrados y de todo aquello que iba perdiendo casi sin darse cuenta.
Al despertar, le saludaba con los sueños enredados, no esperaba la respuesta y se marchaba serena, durante el día le pensaba con silencio enamorado y esperaba las 6 con un latido entre las piernas.
Ese atardecer llegó a casa llorando, maldiciendo las calles con su gente tatuada, odiaba el otoño y el suicidio de las hojas hacia el viento. Lloraba sin consuelo, aunque lo buscaba.
Se abalanzó a sus brazos, se tendió en su pecho, mientras litros de sus lágrimas le iban cubriendo.
¡Ámame! le rogaba con un suspiro empapado, mientras la tristeza se le licuaba tras los párpados.
Una saliva amarga le hizo abrir los ojos y tembló de horror al ver un lago de colores exudando del rostro de su hombre. Estiró sus manos para alcanzar las pupilas verdes y palpó el lienzo húmedo e inerte.
Tocó los labios que derretían besos hasta el suelo, trazó con gélido espanto el perfil y las facciones que transfiguraban perversamente los gestos de aquel (su) hombre.
Vio escurrir entre sus dedos, su engendro de grafito y tinta, y vio desdibujarse entre sus manos su propia vida
¡Mátame!, le rogó con un ahogo desahuciado, mientras veía diluirse lentamente, aterrada y atenta, un amor diseñado con la pasión inventada tras todas sus ausencias.
¡Mátame! Le rogó, odiando sus lágrimas verdugas, ¡mátame ahora con las tuyas!.
Bebió gota a gota el óleo maloliente, y se tendió a sus pies, a pintar la muerte.